Cierra la puerta, enchufa el equipo de música, y dale al play, sube el volumen más,más y más…
Empieza
a cantar esa canción que tanto te llena, ponte a bailar hasta que las
piernas te tiemblen. No importa si lo haces mal o bien, lo que importa
es que eso te transporte a otro lugar, donde todo de lo que huyes
desaparezca. Donde no haya lágrimas y puedas reír hasta reventar.Dale al pause, vete corriendo a la cocina y bebe agua. Ponte los cascos y escucha esa canción con la que te sientes tan identificada, cierra los ojos y empieza a cantar muy muy bajito para que nadie te escuche, derrama esas lagrimas que te sobran.
Deja los cascos en la cama y ve a secarte las lágrimas. Y por último pon esa canción que te hace saltar, a todo volumen empieza a bailar hasta que esa tímida sonrisa que juega al escondite se deje ver.

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