- No
me preguntes por qué lloro, no me lo preguntes: Pues ni yo sabré
contestarte, ni tú comprenderme. Hay deseos que se ahogan en nuestra
alma de mujer, sin que los revele más que un suspiro; ideas locas que
cruzan por nuestra imaginación, sin que ose formularlas el labio,
fenómenos incomprensibles de nuestra naturaleza misteriosa, que el
hombre no puede ni aún concebir.
Te lo ruego, no me preguntes la causa de mi dolor: Si te la revelase, acaso te arrancaría una carcajada.
. . .
La Ajorca De Oro
(G.A.B)
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